Victoria en la derrota: ellos murieron para que la IV Internacional continuara viva
La fundación de la IV Internacional completa 70 años esta semana. Por eso, publicamos un artículo que homenajea aquellos que lucharon por la IV. Y siguen la lucha por su reconstrucción
Martín Hernández
De la Dirección de la Liga Internacional de los Trabajadores (LIT-CI) y de la redacción de la revista Marxismo Vivo.
• El día 3 de septiembre de 1938, en Francia, se realizó la conferencia de fundación de la IV Internacional. Trotsky fue cuestionado por proponer la fundación de una nueva internacional, ya que esta, según sus críticos, sólo podría surgir como producto de grandes acontecimientos.
Sobre ese tema, en el Programa de Transición, votado en la conferencia, Trotsky comenta: “la IV Internacional ya surgió de grandes acontecimientos: las mayores derrotas del proletariado en toda la historia (…). Si sus hileras no son numerosas es porque aún es joven. De momento, hay principalmente cuadros, pero esos cuadros son las garantías del futuro. No existe en el planeta una sólo corriente revolucionaria digna de ese nombre. Si nuestra Internacional es débil numéricamente, es fuerte por su doctrina, por su programa, su tradición…”
Trotsky, al fundar la IV Internacional, quería crear un hilo de continuidad con la tradición marxista expresada en la III Internacional, que en este momento estaba completamente degenerada por el estalinismo.
Pero Trotsky, al construir la IV Internacional, no deseaba solamente preservar el programa marxista. Esperaba que la IV Internacional, como producto de la Segunda Guerra Mundial, se transformara en una organización de masas. Pero los resultados fueron otros.
Con la derrota del nazismo, el estalinismo salió extremadamente fortalecido de la Segunda Guerra Mundial, lo que empujó al trotskismo para la marginalidad. La IV Internacional no consiguió resistir a la presión de la pompa estalinista. Un gran número de sus integrantes fue asesinado por el fascismo y, fundamentalmente, por el estalinismo, entre ellos el propio *Trotsky.
El estalinismo, robando las conquistas de la Revolución de Octubre y fortalecido por la derrota del fascismo, se transformó en un muro difícil de derrumbar. La IV Internacional continuó como una pequeña organización y en su interior surgió una corriente revisionista que, delante de la imposibilidad de derrotar el estalinismo, capituló a este. Fue el caso del llamado “Pablismo”.
Este desvío llevó a la división de la IV y después a su destrucción. Pero, en el interior de la Internacional, en diversos momentos existieron corrientes que resistieron a las capitulaciones. El PSTU y las organizaciones anteriores en Brasil siempre formaron parte de una de esas corrientes, las más consecuente, encabezada por el dirigente argentino Nahuel Moreno. Esa batalla, a buen seguro, consiguió preservar en los marcos del trotskismo un importe número de organizaciones y de militantes que hoy están en la LIT (Liga Internacional de los Trabajadores). Pero no consiguió impedir que la mayoría del trotskismo se esparciera y por ende, la destrucción de la IV Internacional.
En la prueba de la historia
Si observamos los objetivos de Trotsky con la construcción de la IV hace 70 años y vemos los resultados en la organización, tenemos que decir que su proyecto fue derrotado. Pero, si analizamos lo que ocurrió a lo largo de esos años con el programa del trotskismo, el balance que debemos hacer es otro. El programa de la IV fue el único que pasó por la prueba de los hechos. De ese modo, podemos decir que fue una victoria en la derrota.
Hace 70 años la IV Internacional decía que la teoría del “Socialismo en un sólo país” era una utopía reaccionaria. Que sólo con la revolución mundial se podría llegar al Socialismo. Más aún: decía que, si la burocracia continúa gobernando en la Unión Soviética (URSS), la vuelta del capitalismo sería ineludible.
Los estalinistas intentan huir de esas opiniones. Para ellos, el crecimiento de la URSS fue la prueba de que el “Socialismo en un sólo país” era posible. De esa forma, en el lugar de revolución mundial, proponían la coexistencia “pacífica con el imperialismo”.
Ambos programas, el del estalinismo y el del trotskismo, fueron confrontados con la realidad y ahora, 70 años después de la fundación de la IV, es necesario hacer un balance. En la URSS y en el resto de los Estados obreros, lejos de llegar al socialismo, el capitalismo fue restaurado.
Al frente de la restauración estuvo la propia burocracia estalinista. Pero esta vez el estalinismo pagó caro por su traición: las masas derrumbaron sus dictaduras *restauracionistas en la mayoría de los ex–Estados obreros.
Hace 70 años las propuestas de la IV Internacional eran muy poco oídas. Y las propuestas del estalinismo tenían una audiencia de masas entre trabajadores, estudiantes, campesinos e intelectuales. Trotsky era considerado un “demonio”, mientras Stalin era llamado de guía “genial de los pueblos”.
Ahora, pasados 70 años, la palabra “estalinismo” es usada como un insulto, mientras la figura de Trotsky y sus elaboraciones son redescubiertas por miles de activistas que recogen el camino de la revolución. Difícilmente existe en nivel mundial alguna organización revolucionaria que no adopte total o parcialmente (consciente o inconscientemente) el programa de la IV Internacional. A buen seguro, esta es una contradicción del actual momento: mientras el programa de la IV continúa vivo, ella, como organización, continúa destruida.
Las nuevas generaciones de revolucionarios están delante de un desafío histórico, de vencer esa contradicción de la única forma posible: reconstruyendo la IV Internacional con base en su programa de fundación, actualizado en función de la restauración del capitalismo y de la destrucción de la pompa estalinista.
El programa de la IV Internacional continúa vivo y hoy es asumido por miles y miles de nuevos combatientes. Pero un programa es mucho más que una suma de papeles. Un programa revolucionario sólo gana ese carácter cuando es colocado en la lucha de clases. El programa de la IV continúa vivo porque fue probado por la realidad. Miles de militantes trotskistas, a partir de 1923, mantuvieron vivo ese programa. Por eso, un gran número de ellos tuvo que soportar exilios, prisiones y la tortura del capitalismo y del estalinismo. Un porcentaje altísimo de ellos pagó con su propia vida por esa terca y bella osadía.
Stalin quería acabar en la raíz con la tradición bolchevique. Por eso, su obsesión en eliminar a Trotsky, asesinado por un agente estalinista el 20 de agosto de 1940. Pero Stalin no se conformó con eso. Años antes, había asesinado la mayor parte de los familiares de Trotsky, como su hijo León Sedov, sus nietos Ljulik, Volina y Liulika, su yerno Platon Volkov, su hermana, Olga Kameneva y su primera mujer, Alexandra, madre de sus dos hijas, una de las cuáles acabó suicidándose.
Es imposible saber cuántos trotskistas murieron en la ex-URSS. Serios investigadores como Pierre Broué consiguieron algunos datos importantes. Sólo en el campo de concentración de Kolima había 6 mil prisioneros considerados trotskistas. En 1937, después de que hagan una huelga de hambre, todos fueron ejecutados.
Muchos militantes y dirigentes de la IV Internacional murieron luchando contra el fascismo durante la Segunda Guerra Mundial. Entre ellos se destacan figuras como a de Abraham León, polonés, autor del principal estudio marxista sobre la cuestión judaica y miembro del Secretariado Europeo de la IV Internacional, muerto en 1944 en el campo de concentración de Auschwitz. León Seloil, belga, delegado al congreso de fundación de la IV, muerto en el campo de concentración de Neuengamme. Pautelis Pooliopulos, delegado del PC griego al quinto congreso de la Tercera Internacional, expulsado del partido por ser trotskista y fusilado por el ejército italiano en 1941.
Muchos dirigentes trotskistas murieron en las manos del estalinismo fuera de la URSS. Fue el caso del theco-eslovaco Erwin Wolf, ex-secretario de Trotsky, asesinado durante la Guerra Civil Española. Rodolfo Klement, trotskista alemán, responsable por la organización del congreso de fundación de la IV Internacional, secuestrado y asesinado poco tiempo antes de su realización. Ignacio Reiss, polonés, héroe de la guerra civil rusa y uno de los principales dirigentes de los servicios especiales soviéticos. Reiss rompió con el estalinismo, devolvió sus condecoraciones y declaró: “Me uno a Trotsky y a la IV Internacional”. Pocas semanas después, fue asesinado. Pedro Tresso, delegado del PC italiano a los congresos de la Tercera Internacional y delegado al congreso de fundación de la IV, fue fusilado. Tha-Thu-Thau, fundador del importante movimiento *trotskista vietnamita, también fue asesinado por el estalinismo.
Nuestra corriente internacional, liderada por Moreno, luchó durante muchos años, en condiciones muy difíciles, para llevar adelante el programa de la IV. De esa forma, también contribuyó con su cuota de sangre.
Entre los años 1974 y 1975, en Argentina, 16 militantes del PST (Partido Socialista de los Trabajadores), la mayoría trabajadores, fueron asesinados por comandos paramilitares del gobierno peronista. Entre ellos estaba Cesar Robles, uno de los principales dirigente del partido.
En España, el día 1º de febrero de 1980, fue secuestrada y asesinada Yolanda González Martín, militante del PST de ese país. Hija de un obrero metalúrgico, ella tenía sólo 19 años. Era estudiante y trabajaba como empleada asistenta. Yolanda fue dirigente de una importante movilización estudiantil que había llevado a las calles de Madrid más de 50 mil estudiantes.
En El Salvador, en abril de 1980, fue asesinado por un comando de ultraderecha Francisco Choto Rodríguez, militante del PST.
Nuevamente en Argentina, entre los años 1976 y 1982, la dictadura militar asesinó 83 militantes del PST. Entre ellos estaba Arturo Apazza, un importante dirigente metalúrgico, y Eduardo Villabrille, joven obrero metalúrgico que había sido el principal dirigente de la juventud del partido.
El PSTU brasileño, como no podía dejar de ser, dado su compromiso con el programa trotskista, también sufrió con la represión. Tulio Quintiliano, integrante del grupo Punto de Partida, que dio origen nuestra corriente brasileña, fue asesinado por la dictadura chilena en 1973. José Luis y Rosa Sundermann fueron asesinados en 1994, un día después de la fundación del PSTU. Gildo Rocha, también militante del PSTU, murió como el restante de los trotskistas: combatiendo el capitalismo y la burocracia. Fue asesinado durante una huelga en Brasilia en 6 de octubre de 2000.
La lista de trotskistas asesinados por el estalinismo y por la burguesía, así como la historia de cada uno de ellos, llenarían centenares de páginas. Las biografías, a buen seguro, serían diferentes, pero todos tuvieron en común la lucha y la muerte para que la IV Internacional continuara viva. Ellos no pueden ser olvidados por las nuevas generaciones que se disponen a reconstruir la IV. Ellos inspiran nuestra lucha.

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